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El autobús y la trama

Hace ya algunos años, mientras programábamos actividades para personas mayores, una de mis compañeras propuso un viaje en autobús por la ciudad, una ciudad que había cambiado mucho por el impulso de la exposición internacional sobre el Agua, el desarrollo urbanístico de algunas zonas y el crecimiento de áreas urbanas ganadas (no pensemos ahora cómo y a cambio de qué) a la huerta e incluso al árido desierto que rodea la Zaragoza consolidada.

En principio no me pareció una gran idea, el Bus Turístico ya funcionaba aunque sin las múltiples ventajas y variaciones que ofrece hoy (un servicio que recomiendo a cualquier turista, y que se vuelve imprescindible si vas con niños), y al fin y al cabo, cada cambio había sido anunciado a bombo y platillo por los medios, ¿qué interés podría haber en ello?

La insistencia de mi compañera, mucho más experimentada que yo en estas lides, acabó por vencer mi resistencia y organizamos la actividad: se recogía a las personas mayores que habían manifestado su interés y acompañados por una guía más que amena, recorría la ciudad deteniéndose tanto en infraestructuras nuevas, como en aquellas que se habían visto beneficiadas por rehabilitaciones significativas así como en las nuevas áreas residenciales, centros comerciales y amplias zonas en vías de urbanización a las que no habían tenido ocasión de acercarse al carecer de un medio de transporte específico ni de quien se preocupase de contarles cómo estaba cambiando su ciudad.

Con alegría (ya que al optar por esta actividad dejamos de realizar otras) constaté que había sido un éxito, las personas mayores descubrían su ciudad con ojos nuevos, a ellas no había llegado la prensa escrita que había fotografiado cada primera piedra y cada corte de cinta y como mayoritariamente seguían el telediario nacional, apenas eran conscientes de los cambios.

Lo recuerdo ahora al hilo de esta moda de los autobuses de colores como el polémico de la transfóbica y ultracatólica Hazte oír (que nos dio la oportunidad de ver a un Decano universitario ganarse los galones sin más armas que la cordura y la palabra) o el nuevo de Podemos, el llamado Tramabús. 

Creo que uno y otros persiguen hacerse un hueco, ser visibles, mostrar su opinión, su criterio, su posición, al margen de los medios sin dejar de aprovecharse de ellos, y a pesar de que sigo sin ver la intención de causar daño a un colectivo concreto, o la utilidad de pasear por Madrid mostrando quien es quien y como unos y otros conforman lo que se ha dado en llamar la trama y que siempre hemos conocido como los aledaños del poder, quizás como entonces, caigo en el error de pensar que todo el mundo se informa, contrasta, analiza y después se posiciona.

Pero el éxito de rutas de la corrupción en Valencia, a la altura de las diseñadas por los escenarios de la trilogía del Baztán, los rodajes de Juego de Tronos, o la ciudad blanca de Vitoria, me hace pensar que quizás a todos nos resulta más sencillo dejarnos llevar, o que necesitamos enfrentar la realidad físicamente porque nos cuesta creer en lo que nos cuentan, al fin y al cabo, según a quien leas, escuches o veas, la realidad no es que cambie de color, sino que es, en ocasiones, profundamente opuesta. (reconozco que hoy no puedo dejar de pensar en aquellos que seguían con fé y devoción a Marhuenda y cómo encajarán su imputación)

6 comentarios :

  1. Pero es que muchos que han criticado el Tramabús con más o menos vehemencia, ahora se tienen que callar porque el asunto es hoy tan grave que el autobús ya no es nada, se le queda pequeño el trayecto o es de corto recorrido comparado con la realidad.
    En cuanto a los defensores de Marhuenda, si lo han defendido antes ahora no dirán nada o falsearán la realidad. La derecha sabe muy bien que mentir no pasa factura. Ahora todo el PP dice que está colaborando con la justicia. Eso es lo que dicen de cara al público. Luego se dedican a ponerle trabas y recursos. Desde luego lo de nuestros gobernantes es un pozo sin fondo de la inmundicia. Se superan.

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    1. Mentir no pasa factura, sin duda esa la es la clave, a los suyos todo se les perdona, y al público se le vende que otra opción será peor.
      Un beso

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  2. Si, siempre es mucho mejor poder ver, tocar, oler la realidad en directo que a través de cualquier medio.

    Marhuenda ha traspasado una linea roja que ningún buen periodista debe atravesar : ponerse al servicio de alguién por afinidad, o sencillamente por interés crematístico, no olvidemos lo que suponen los ingresos por publicidad institucional.

    No podrá negar l< evidencia porque lo han pillado "in fraganti" en las grabaciones telefónicas. Pero eso es lo de menos para sus incondicionales, le seguirán jaleando y riendo sus gracietas.

    Un besazo.

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    1. Pues sin duda, para los suyos todo vale, y para los demás, siempre la amenaza de que cualquier cambio será a peor, y todos calladitos.
      Que hartura!

      Un beso

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  3. Lo de los bus como arma política y cultural no es nueva, si no me equivoco García Lorca inició en el año 31 con "La Barraca" unos recorridos por todas aquellas zonas de difícil acceso, en Granada tenemos fotos de la época en donde la barraca iba tirada por burros por la Alpujarra, en aquella época se tenía que recorrer andando o en burro, no había carretera. También me ha recordado a Miguel Hernandez y sus Misiones Pedagógicas recorrían el levante y la Mancha, pero aquello lo ideó la 2ª República y hablar sobre el tema es tentar al diablo.

    En cuanto a lo de Marhuenda ¿alguien se sorprende?, bueno, siempre habrá una derecha que diga que eso ha sido cosa de los rojos.

    Un abrazo.

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    1. Tienes toda la razón, la idea de romper los canales oficiales de información no es nueva.
      Todo es culpa de los rojos, y de los populistas y de los ateos, y de...en fin.
      Un beso

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