Google+

lunes, 5 de diciembre de 2016

Populismo y kiosco

El Roto
Llevo mucho tiempo tratando de averiguar cuál es el significado de la palabra (por no decir insulto) "populista", término que se aplica a realidades tan diferentes como pueden ser Trump, los partidarios del Brexit, los bolivarianos de Maduro, el Frente Nacional de Marie Le Pen, el movimiento Cinco Estrellas italiano y por supuesto PODEMOS.

La definición de la RAE que define populismo como tendencia política que pretende atraerse a las clases populares, no me saca de dudas porque todos y cada uno de los partidos políticos que se presentan a unas elecciones pretenden atraer el voto de la clases populares, básicamente porque en sus manos se encuentran las mayorías. (empiezo a perder la confianza en la RAE, quizás debido a las manifestaciones cada vez más machistas y reaccionarias de algunos de sus miembros más activos, pero esa es materia para otra entrada)

Estudio con detalle declaraciones de partidos políticos, periodistas y tertulian@s que usan el término con inusitada violencia para juzgar y condenar todo aquello que se opone a su idea, así que he optado por dejar de leer o escuchar cualquier artículo o intervención pública que pivote sobre el término, amén de escuchar un "píííííí" mental cada vez que alguien pronuncia la palabra.

Pero no hay norma que no requiera su excepción, así que aquí os dejo el artículo de Luis García Montero para Infolibre sobre, ¿lo adivinas?: el populismo.


No me seas populista, por Luís García Montero en Infolibre

La mujer vuelve de viaje un día antes de lo previsto. Las reuniones de trabajo han resultado fáciles, los asuntos más complicados encontraron una solución sobre la mesa y el viernes por la tarde se convirtió de pronto en jueves por la mañana. Por fortuna no tuvo problemas para cambiar el billete de avión. Con buen humor paseó por las tiendas del aeropuerto, compró regalos, convirtió la espera en un sándwich de jamón, una cerveza sin alcohol y un café, y embarcó por la puerta A14. Cuando llegó a Madrid, ni la fila de viajeros en la parada de taxis, ni el tráfico de la ciudad le quitaron más de 25 minutos. La tarde rodaba igual que una pelota, una noticia o una sorpresa. Cuando abrió la puerta del dormitorio, encontró desnudos en la cama a su marido y a su mejor amiga. Les llamó hijos de puta. El marido se tapó con la sábana, pidió tranquilidad y le dijo: por favor, no me seas populista.

El padre se pone serio y le pide a la hija que se siente. Deben hablar, aclarar las cosas, encontrar una razón para los engaños y los despropósitos. Acaba de enterarse de que Mónica ha estado todo el curso sin ir al instituto. Comprende de golpe quedesconoce la mayor parte de sus sentimientos y de su vida. No sabe qué hace cuando sale de casa después de desayunar, a qué dedica las mañanas, qué lugares pisan sus zapatos y qué ideas pasan por su cabeza. Le duelen las mentiras, el éxito falso en el examen de matemáticas, las historias inventadas con la profesora de inglés, las noches que se ha ido a dormir a casa de la compañera para terminar un trabajo sobre el cambio climático o los planes tramposos para el viaje de estudios. Se siente culpable por no haber sospechado nada, le duelen las mentiras y exige una explicación. Pero su hija no quiere reproches, lo mira casi con desprecio y le dice: por favor, papá, no me seas populista.

Carmen está cansada de no tener un horario fijo de trabajo. El jefe va de amigo, casi de colega, pero hoy la tiene en la oficina hasta las diez de la noche. Ayer estuve hasta las nueve y media, y mañana será lo que quiera Dios, o los teléfonos, o el cliente de Zaragoza, ese que empieza a dar la lata a las ocho y cuarto de la mañana y no se cansa hasta que la noche se ha quedado fría como una cena desperdiciada. El jefe habla de todo, pregunta por su novio, hace bromas sobre el Atleti, comenta las cosas del mundo, la suerte de tener trabajo en estos tiempos, la importancia que cobran las relaciones personales en una empresa y el compromiso humano con los objetivos. De vez en cuando invita a una copa en el bar de la esquina. Por ejemplo, hoy. Cuando el camarero le sirve el gin tonic, Carmen se atreve a decirle que necesita ordenar su vida, tener un horario. El jefe sonríe, la mira y dice: ay, Carmen, no me seas ahora populista.

El constructor invita a comer a su político. Aunque los tiempos han cambiado, repasan los dolores y las alegrías de la vida con la complicidad de siempre. El constructor sirve otra copa de vino y analiza el mercado de las obras públicas. El político está a dieta, pide dos entradas de tribuna para el partido del domingo y un pescado a la plancha, mientras arremete contra un mundo sin calorías, un país habitado por periodistas peligrosos y compañeros en los que no se puede confiar. Ahora se trata de no ser el chivo expiatorio, el castigo ejemplar. No, ya se ve que no, el político no quiere entrar en este negocio, no están los tiempos para arriesgarse, mejor ser prudente, esperar que las cosas vuelvan a su curso normal. Es verdad, siempre ha sido así, y todo volverá a funcionar así, seguro, pues claro, es el tanto por ciento que exige el progreso. Pero mejor dejarlo por ahora, la gente está muy cabreada, quiere carnaza… El constructor se pone serio y le dice: coño, no me seas populista tú también.

El escritor oye la radio, lee los periódicos, se esfuerza en padecer la televisión, baja a comprar el pan, habla con la gente del barrio, vuelve a casa y se sienta a escribir la columna. Hoy está decidido a ser un poco populista.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Sin ir tan lejos

 
Hay veces que nos empeñamos en viajar muy lejos, cuando lo que buscas está a la vuelta de la esquina.

Feliz fin de semana.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

La cara oculta de tu escapada

Me gustan los hoteles, los grandes, inmensos e impersonales en los que puedes imaginarte anónima y desconocida, con libertad para interpretar un papel diferente, y los pequeños, casi íntimos donde puedes soñarte acogida en secreto para disfrutar de un encuentro prohibido, invitada a pasar unos días en el campo al estilo de las hermanas Brontë, o incluso propietaria de la mansión (vale, los hoteles me ponen fantasiosa), me gustan las habitaciones pulcras, las sábanas tirantes, el pequeño ejército de botecitos que te saludan en el baño (incluso el más que inútil “gorro de ducha”) los armarios vacíos, con su manta de refuerzo, las ventanas que se abren sobre realidades que me son extrañas y el cartelito de No molestar y Arregle mi habitación (lo de la cama abierta con el bombón…placer de diosas)

Pero de un tiempo a esta parte reconozco que me siento rara, extraña, casi culpable, da lo mismo el precio que yo pague por mi habitación, seguramente la mujer que la ha preparado para que me sienta bienvenida, la que la mantendrá limpia y acogedora, la que plegará sábanas y toallas, la que repondrá los botecitos y borrará las huellas de mi paso por la ducha, cobrará 2 euros por hacerlo

Aunque a Pablo Casado le parece que mejor eso que nada (el vídeo merece un visionado completo), a mí me hace sentir indigna, cómplice de un abuso a quienes no tienen otra opción, porque nadie trabaja a destajo por una miseria pudiendo negarse, nadie.

Gracias al revuelto que han provocado las declaraciones de su máximo responsable, sé que en la cadena AC by Marriott el servicio de limpieza de habitaciones no está externalizado y por tanto las camareras de piso cobran un salario justo, pero ¿es el único que entiende que no se puede construir nada sobre el abuso de los demás y dormir tranquilo por estupenda que sea la suite? 

Recuerdo las muchas posibilidades que buscadores de hoteles como Trivago o Booking me ofrecen para elegir establecimiento; las estrellas, la distancia, la valoración de los clientes, los servicios del hotel, el tipo de desayuno, las comodidades de la habitación, la disponibilidad de WiFi, la admisión de mascotas, la pantalla plana…y pienso en que me gustaría poder filtrar por decencia, por la justicia de los salarios de los profesionales que van a atenderme e imagino un indicador similar a los de Comercio Justo, algo así como una etiqueta que asegure que en este hotel las personas no son explotadas laboralmente.

O en una nueva vuelta de tuerca optar por el sistema de los cruceros donde las propinas para el personal de servicio están tasadas y forman parte de su sueldo.

martes, 29 de noviembre de 2016

El cuento de Rosa

No es la primera y no será la última, pero la muerte de Rosa parece haber provocado una pequeña brecha en el muro de silencio que rodea la pobreza en nuestro país y en especial la pobreza energética para la que no se ha aprobado una tregua invernal que impida el corte de suministros en invierno, como se hace en la mayoría de los países europeos.

Aquí, hoy, en 2016, se puede morir en condiciones aterradoras, aquí, hoy, en 2016 se puede luchar sin medios contra la oscuridad y el frío, mientras las ciudades compiten con la fastuosidad de sus alumbrados navideños.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Rita

Rita Barberá
El fallecimiento de Rita Barberá (que la tierra le sea leve) nos cogió de vacaciones tardías de otoño, así que solo de refilón he estado al tanto de las reacciones, de la polémica sobre si el Congreso le debía un minuto de silencio a la exalcaldesa de Valencia y Senadora del grupo mixto, y sobre todo de la matemática precisión con la que se cumple aquello de que España no hay como morirse para subir a los altares.

jueves, 17 de noviembre de 2016

El discurso del Rey

Aunque tras leer (no he podido verlo en directo y no me gusta quedarme con los cortes "interesados") el discurso del Rey Felipe VI ante las Cortes Generales, (AQUÍ el enlace) la tentación de escribir sobre la película del mismo nombre es enorme, el agua del Ebro me hace cabezona y allá vamos.

martes, 15 de noviembre de 2016